Memoria viva del Barrio Prat: la historia de Juana Gómez Bengoa y una comunidad que ya no existe.
- 17 may
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Actualizado: 18 may
La Voz del Barrio – Crónicas de Barrio
En una esquina tradicional del Barrio Prat, entre General del Canto y Sargento Aldea, se abre una puerta que no solo da acceso a una vivienda, sino también a la memoria viva de Punta Arenas. En ese espacio, cedido generosamente por la vecina Estrella Miranda Ruiz, se desarrolló una nueva edición del programa Crónicas de Barrio, iniciativa de La Voz del Barrio que busca rescatar relatos locales antes de que el tiempo los borre.
La protagonista de esta jornada fue Juana Gómez Bengoa, vecina histórica del sector, quien a través de sus recuerdos reconstruye una época donde la vida comunitaria era el eje central del barrio.
Una vida ligada al Barrio Prat.
Nacida en Punta Arenas, hija de Emérita Bengoa Quezada —oriunda de Puerto Natales— y de Froilán Gómez Cárdenas, Juana llegó al Barrio Prat siendo apenas una niña.
“Viví mis primeros años en Colón con Bories, pero a los cinco años llegamos definitivamente al barrio, aquí en Teniente Serrano 134. Esa casa ya era de mi familia, y hasta el día de hoy sigo viviendo ahí”, relata.
Su historia personal se entrelaza con la del propio barrio, reflejando los cambios sociales y urbanos de la ciudad a lo largo de las décadas.
Trabajo, esfuerzo y raíces familiares.
El relato de Juana también rescata la historia laboral de sus padres, representativa de toda una generación.
Su padre comenzó como repartidor en la tradicional zapatería Barassi, en calle Bories, en tiempos donde los productos se llevaban directamente a los hogares para ser probados . Con los años se convirtió en vendedor, luego trabajó como taxista y finalmente en el Ministerio de Obras Públicas.
Luego señala: Mi padre también por años, fue muy importante en la Parroquia, fue el primera Diacono de Cristo Obrero, y por muchos años junto a mi madre, trabajó en acción social de la Iglesia, y entregando la palabra de Dios.
Su madre, en tanto, fue dueña de casa, pero con una intensa vida social y comunitaria que marcaría profundamente al barrio.
Educación y vida laboral.
Juana cursó su educación en la Sagrada Familia y posteriormente en la Escuela Técnica. Más tarde se tituló como técnico en administración en el DUOC.
Trabajó como secretaria del Colegio Médico en el hospital regional y, tras algunos años en distintas labores, decidió dedicarse a su familia.
Un barrio de puertas abiertas.
Uno de los aspectos más potentes del testimonio es la descripción de la vida cotidiana en el barrio durante las décadas de 1960 y 1970.
“Jugábamos en la calle hasta que nos llamaban a gritos. Las casas estaban con las puertas abiertas, no había miedo. Los vecinos se conocían y se ayudaban”, recuerda.
En ese entonces no existían supermercados. Los almacenes de esquina cumplían un rol fundamental, resolviendo las necesidades diarias y fortaleciendo el vínculo entre vecinos.
La solidaridad como forma de vida.
La economía del barrio estaba basada en la colaboración.
“Todo se compartía. Si alguien cosechaba papas, llevaba a los vecinos. Si mataban un chancho, repartían carne o prietas. Nadie vendía, todo se regalaba o intercambiaba”, cuenta.
Cultivos como lechugas, zanahorias, arvejas y rabanitos circulaban de casa en casa, consolidando una red de apoyo que hoy parece lejana.
Celebraciones que unían a toda la comunidad.
Las festividades también eran colectivas. Familias numerosas, como la familia de Don Augusto Vargas, (antiguo dirigente del Club Deportivo Prat) organizaban celebraciones donde el barrio completo participaba.
“Se bailaba en la calle, hacíamos trencito. Era una fiesta de todos”, rememora.
Compromiso social y liderazgo femenino.
La figura de su madre emerge como un símbolo de liderazgo comunitario. Fue:
Presidenta de la Junta de Vecinos
Dirigenta del Club Deportivo Prat (sección femenina)
Fundadora del Centro de Madres “Paula Jaraquemada”
Catequista por más de 30 años
Integrante de la Sociedad de Socorros Mutuos
Además, participó activamente en política, liderando el Partido Femenino Regional Independiente, una organización que llegó a reunir a más de 300 mujeres en la década de 1960, apoyando causas regionales por sobre intereses partidarios.
Por su parte, su padre destacó en el ámbito religioso, siendo diácono de la Iglesia Cristo Obrero y participando incluso en la visita del Papa Juan Pablo II a Punta Arenas en 1987.
Un barrio lleno de vida.
El Barrio Prat contaba con una intensa actividad comercial y social:
Almacenes en casi cada esquina
Carnicerías y fruterías
Farmacias
Funerarias
Uno de los primeros autoservicios del sector
Muchos de estos espacios se articulaban en torno al hospital, generando un flujo constante de personas y actividades.
Postales de otro tiempo.
Entre los recuerdos más vívidos de Juana está el paso de animales por calle Riquelme rumbo al matadero.
“Pasaban a eso de las seis o siete de la tarde. Nosotros salíamos corriendo porque nos daba miedo. Las calles eran de tierra”, relata.
Familia y memoria.
Hoy, Juana es madre y abuela. Tiene una hija psicóloga y una nieta de 13 años. Su historia, como muchas otras, se transforma en un puente entre generaciones.
“Hay tantas cosas que contar… los recuerdos van apareciendo de a poco”, dice.
Una historia que interpela el presente.
El testimonio de Juana Gómez no solo reconstruye el pasado, sino que también plantea una reflexión sobre el presente.
La vida comunitaria, la confianza entre vecinos y la solidaridad cotidiana aparecen como valores que se han ido debilitando con el tiempo.
Sin embargo, iniciativas como La Voz del Barrio buscan precisamente recuperar ese tejido social, demostrando que la memoria sigue siendo un elemento clave para entender la identidad de Punta Arenas.












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