Luisa Díaz Barría: memoria viva del Barrio Prat y testigo de una vida de esfuerzo y comunidad.
- 19 abr
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En una nueva edición de Crónicas del Barrio, el programa conducido por Juan Magal Pérez, se abrió un espacio para rescatar la historia y los recuerdos de quienes han dado vida al tradicional Barrio Prat de Punta Arenas.
En esta ocasión, la protagonista fue doña Luisa Díaz Barría, vecina histórica del sector alto de calle Condell, quien compartió una emotiva y detallada reconstrucción de su vida y de las transformaciones del barrio a lo largo de las décadas.
Nuestra invitada es residente de calle Condell 663, perteneciente a una familia con larga trayectoria en el sector.
Luisa Díaz nació en Punta Arenas el 17 de febrero de 1950 (hoy con 76 Años ) y ha vivido toda su vida en el Barrio Prat. Es la hija mayor de Virginio Díaz Ampuero, quien trabajó en la estancia de Roberto Morrison, sector Laguna Blanca y posteriormente en la ciudad, y de Irma Barría, dueña de casa.
Su padre desempeñó diversas labores, desde trabajos en la estancia (ubicada a más de 100 kilómetros ruta norte) hasta funciones en el rubro del curtido de cuero, conocido como “picadero”. En el campo, era un trabajador de confianza, encargado de múltiples tareas en la casa patronal, como encender la caldera en la madrugada y mantener el funcionamiento del hogar. Debido a la distancia, solo regresaba a la ciudad cada cuatro meses, lo que marcó profundamente la infancia de Luisa.
La vida en el Barrio Prat en aquellos años era muy distinta a la actual. El sector alto de calle Condell marcaba prácticamente el límite de la ciudad, y desde allí hacia arriba solo había cerros. No contaban con agua potable, por lo que las familias debían buscarla en pozos. Las tareas diarias incluían acarrear agua, picar leña y colaborar en el hogar desde temprana edad.
La familia también mantenía una vida autosustentable, criando animales como cerdos, gallinas y patos, además de cultivar huertas con papas, zanahorias, lechugas y arvejas. Estos trabajos eran parte de la rutina cotidiana de los niños del barrio.
En el ámbito educativo, Luisa realizó toda su enseñanza en la Escuela de Niñas Numero 3 Arturo Prat, donde recuerda con cariño a docentes como Ana Johnston, Irlanda Agüero y la directora de la escuela Felicia Barría, quien además fue la primera alcaldesa de Punta Arenas.
La vida comunitaria estaba marcada por la cercanía entre vecinos. Las Fiestas Patrias se celebraban en las casas, con escenarios improvisados, mientras que los tradicionales “malones” reunían a familiares y amigos en celebraciones sorpresa, donde cada invitado aportaba con comida y bebida. Fue en este contexto donde, a los 15 años, conoció a su esposo, Víctor Aguilar Encina.
Luisa Díaz relata que su marido Víctor Aguilar, ya casados, años después también tuvo una fuerte vinculación con el automovilismo. Comenta “Sí, claro, él corrió como copiloto junto al finado Esteban Cápkovich”, recuerda.
Luego, comparte un episodio que la marcó profundamente: “Cuando ocurrió el accidente en el norte del país, yo había insistido en que no viajara. No quise que fuera, algo me decía que no. Finalmente, en su lugar fue Manuel Aqueveque”.
Con emoción, agrega: “Fue un milagro que no fuera. Ese día, como a las ocho de la mañana, nos avisaron de la tragedia… fue una noticia terrible para todo el barrio”.
Su infancia estaba llena de juegos al aire libre: a las escondidas, saltar la cuerda, paseos en bicicleta, y en invierno, trineos y patinaje sobre lagunas congeladas en sectores que hoy forman parte de la Villa Los Españoles. Incluso recuerda cómo improvisaban iluminación con latas y velas en los trineos, para seguir jugando en la noche.
El deporte también cumplía un rol importante en la vida barrial. Las canchas de fútbol, como las de la Liga de Condell, eran espacios de encuentro donde participaban papá y mamá, y familias completas, incluyendo desfiles con estandartes durante los campeonatos.
La iglesia era otro eje de la vida comunitaria. Luisa recuerda al padre Puscio, reconocido por su cercanía con la comunidad, y las actividades que incentivaban la participación, como la entrega de sellos que permitían acceder a entradas de cine Cristo Obrero a menor costo.
Juan Magal, comenta que hoy la ceremonia de la comunión ha cambiado completamente y le pregunta a Luisa Díaz cómo fue su experiencia en la Parroquia Cristo Obrero.
Luisa recuerda que, en su época, la preparación era mucho más exigente: “Había que ir todos los días a la parroquia, no como ahora. Asistíamos de 6 a 7 a un catecismo que era parte de la preparación para la comunión”.
Con una mezcla de nostalgia y humor, agrega: “Hoy mi nieto no sabe ni el Padrenuestro, ni siquiera qué es un Domingo de Ramos”, comenta entre risas.
Su padre también tuvo una participación constante en la junta de vecinos, destacándose por su responsabilidad, especialmente en el pago puntual de sus cuotas, incluso en sus últimos años, cuando su salud ya estaba deteriorada.
Luisa Díaz recuerda con emoción el último desfile al que asistió su padre en el barrio. “Yo no lo quería llevar, porque ya casi no veía nada. Le decía: ‘Papi, mejor no vayamos’, pero él insistía: ‘Sí, yo voy, quiero ir’. Y así fue… ese terminó siendo el último desfile al que asistió”.
Cuenta que fueron acompañados por la señora Zulema. “Lo llevábamos del brazo entre las dos. Él decía: ‘Yo no voy a poder solo’, y Zulema me dijo: ‘Yo lo tomo por el otro lado’. Íbamos conversando tranquilamente”.
Sin embargo, antes de que comenzara el desfile, ocurrió lo inesperado. “De repente sentí que su peso se me venía encima… mi papá se desmayó antes de que empezara todo”.
Luisa relata que, en medio de la confusión, el desfile seguía su curso… “No recuerdo bien a qué hora llegó el alcalde, pero sí que después llegó la ambulancia y tuve que llevarlo al hospital”.
A lo largo de su relato, Luisa Díaz no solo reconstruye su historia personal, sino que también ofrece un valioso testimonio sobre la evolución del Barrio Prat: desde un sector sin servicios básicos y con amplios terrenos deshabitados, hasta convertirse en un barrio consolidado y lleno de vida.
Su testimonio refleja una época en que la vida giraba en torno a la familia, el trabajo y la comunidad, dejando en evidencia valores como la solidaridad, el esfuerzo y la cercanía entre vecinos, que hoy forman parte de la identidad histórica del sector.
Una Entrevista de Pedro Moreno Mella y Juan Magal Pérez....
Este fue un nuevo artículo de las CRONICAS DEL BARRIO, que puedes volver a revisar en nuestra pagina web www.lavozdelbarrio.org









































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