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Luciano “Chano” Vera Cárcamo: el gran músico del Barrio Prat

20 sept
5 min de lectura

Actualizado: 20 sept

A continuación, queremos invitarte a detenerte por unos minutos, escuchar y recordar junto a nosotros una nueva historia de “Crónicas del Barrio”, ese espacio donde rescatamos a las personas, lugares y recuerdos que forman parte de nuestra memoria magallánica.


Hola, soy Juan Magal, y hoy tengo el agrado de presentarles un artículo escrito por nuestro amigo, el destacado escritor e investigador Mario Isidro Moreno.


Una historia que nos lleva nuevamente al querido Barrio Prat, para recordar a un hombre cuya vida estuvo profundamente ligada a la música.


El artículo lleva por título:

“Luciano ‘Chano’ Vera Cárcamo, el gran músico del Barrio Prat”.


Y podríamos resumir su vida en una sencilla frase:

Su vida fue el acordeón.


El clásico sonido de un acordeón todavía es capaz de transportarnos a otros tiempos.


A aquellos años de tangos, valses criollos, reuniones familiares y grandes fiestas que animaban las noches de Punta Arenas.

La Hostería del Parque María Behety, la Quinta Normita, el Tango Bar y tantos otros lugares recibían a parejas y familias que se reunían para bailar y compartir.


Y entre aquellos músicos que hicieron inolvidables esas jornadas, hubo uno especialmente recordado:

Luciano “Chano” Vera Cárcamo.


Chano nació el 29 de marzo de 1942, en Achao, Chiloé. Fue hijo de Sara Cárcamo Cárdenas y Luciano Vera Muñoz. Su padre falleció antes de que él naciera, quedando su madre viuda con apenas 21 años.


Cuando Chano tenía cinco años, su madre decidió buscar nuevas oportunidades y emigró junto a él a Punta Arenas.

Aquí rehízo su vida junto a Felipe Barría Díaz y la familia se radicó en calle Orella, en pleno Barrio Prat.


Fue allí donde transcurrieron la niñez y juventud de Chano, y donde comenzó a escribirse su particular historia con la música.

Realizó sus primeros estudios en el Instituto Don Bosco y posteriormente ingresó al Instituto Superior de Comercio para estudiar Contabilidad.


Pero la necesidad de ayudar a su familia hizo que comenzara a trabajar siendo muy joven en la Importadora Europea, de Enrique Wegmann.


Su compromiso era tal que su empleador quiso llevarlo a Alemania para que continuara sus estudios. Chano, sin embargo, tomó una decisión que decía mucho de él: prefirió permanecer en Punta Arenas para estar cerca y cuidar a su madre.

Y mientras trabajaba, había otra pasión que crecía dentro de él. El acordeón.


Cuando era niño fabricaba acordeones de papel. En su imaginación, aquellos sencillos instrumentos producían las más hermosas melodías.


Con el fruto de su trabajo pudo finalmente comprar su primer acordeón verdadero, importado desde Alemania.

Recibió sus primeras enseñanzas de un señor de apellido Oyarzún, pero gran parte de lo que aprendió posteriormente fue de manera autodidacta.


Practicó, insistió y aprendió hasta convertirse en un destacado acordeonista.

La música comenzó entonces a abrirle caminos. Compartió escenarios con numerosos músicos e incluso cruzó la frontera para presentarse en Argentina.


Pero quizás una de las imágenes más hermosas de esta historia ocurría precisamente en nuestro Barrio Prat.


Los domingos, Chano practicaba con sus queridos acordeones en su casa.

Y cuando las vecinas escuchaban aquellas melodías...

abrían las ventanas de sus casas para escuchar mejor.


De esa manera, sin escenario, sin entradas y sin grandes anuncios, la música de Chano Vera recorría las calles del barrio y entraba gratuitamente a los hogares de sus vecinos.


Chano contrajo matrimonio con Agustina Jelves Garnica, quien cariñosamente lo llamaba “el hombre de la camisa feliz” o “mi pequeño gigante”.


Ella sabía que cuando Luciano se proponía algo, encontraba la forma de conseguirlo.


El 14 de marzo de 1969 nació su primera hija, Verónica Cecilia, cuyo nombre fue escogido en honor a Santa Cecilia, patrona de los músicos.


Dos años después llegaron las gemelas Patricia Marisol y Gladys Tatiana. Más tarde, en 1982, nacieron otras dos gemelas, Alejandra y Miryam Liliana.


Chano, con su característico sentido del humor, decía orgullosamente que había logrado completar...

¡un equipo de básquetbol!


Pero la música nunca abandonó su vida.


Integró orquestas y agrupaciones como Los Zenit y Los Sagitarios, acompañó a la orquesta de la Armada de Chile y compartió con destacados artistas y músicos como Yony Álvarez, Munizaga, Mancillita, Chito Águila y tantos otros.

Uno de los momentos más difíciles de su carrera ocurrió en Río Turbio, Argentina.

Un incendio destruyó todos sus instrumentos musicales mientras se encontraba allí para realizar una presentación.

Para cualquier músico habría sido un golpe devastador.


Pero Chano no estaba solo.


Su esposa, sus compañeros y amigos organizaron una gran cruzada solidaria en el Club Regionalista.

Y de aquella adversidad también nació algo hermoso: una de las primeras experiencias de orquesta típica en Punta Arenas, integrada por destacados músicos de la época.


La música era realmente parte inseparable de Chano.


Cuando salía de vacaciones a otras regiones de Chile, antes de viajar enviaba por tierra su acordeón.

Porque donde estuviera Chano Vera... tenía que estar también su música.


En 1980 adquirió lo que cariñosamente llamaba “mi joyita”: un órgano Casio con acompañamiento.

Con él animó matrimonios, aniversarios, paseos familiares, reuniones de empresas y numerosas celebraciones.


También fue habitual su presencia en los encuentros de exalumnos del Instituto Don Bosco, donde compartía música con su gran amigo Orlando Olavarría.


Y había algo que distinguía especialmente a Chano Vera.


Para él no existían escenarios importantes y escenarios pequeños.


Podía tocar en el Hotel Cabo de Hornos, en el Club de la Unión, en una sede vecinal o en la más humilde de las viviendas.

Lo importante era otra cosa: llevar música, alegría y compañía.


Incluso visitaba a amigos enfermos para regalarles algunas canciones y levantarles el ánimo.


También quedaron en el recuerdo sus apariciones en las tradicionales ramadas de Río Seco.

Llegaba simplemente como visita, tratando de pasar inadvertido... pero, según recuerda su familia, media hora después ya estaba instalado en el escenario tocando y cantando junto a sus hijas.


Entre sus grandes recuerdos quedaron sus presentaciones junto a Eva Águila, Francisco Cresp y Orlando Olavarría, además de su participación en el Festival Folklórico en la Patagonia y una entrevista realizada por Patricio Mladinic para Televisión Nacional.


Pero la vida quiso que la última vez que sus manos acariciaran las teclas de un acordeón fuera precisamente en el lugar donde había crecido.


Calle Orella número 44, Barrio Prat.


Allí se encontraba reunida la familia celebrando una fiesta de San Juan.


Sin saberlo, aquella sería su última interpretación.


El 26 de junio de 2001, Luciano “Chano” Vera Cárcamo emprendió su viaje definitivo.


Fue despedido por familiares, colegas, vecinos y una enorme cantidad de amigos, para posteriormente descansar en el Cementerio Cruz de Froward.


Una de sus hijas, Gladys Tatiana, recuerda con orgullo una característica inolvidable de su padre.

Chano caminaba por las calles y siempre aparecía alguien que lo conocía.


Y él respondía con aquella risa inconfundible:

“¡Hola, amigo!”

Y si existía mayor confianza:

“¡Hola, atorrante!”

Había además una palabra que utilizaba constantemente y que parecía resumir su entusiasmo por la vida:

“¡Macanudo!”


Los domingos tomaba su Volkswagen y recorría la Plaza de Armas. Si encontraba turistas, los invitaba a subir y les mostraba gratuitamente Punta Arenas.


Ese era Chano.

Músico, vecino, padre, amigo y un hombre profundamente ligado a su comunidad.


Sus hijas también heredaron aquella sensibilidad artística y participaron en diferentes conjuntos folclóricos, talleres, festivales y actividades culturales de Punta Arenas.


Y esa herencia continuó con sus nietos, varios de los cuales desarrollaron igualmente afición por la guitarra, la batería, el canto y las danzas folclóricas.


Quizás ahí se encuentra la verdadera inmortalidad de un músico.

Porque un acordeón algún día puede guardar silencio... pero las melodías, los recuerdos y el cariño que dejó entre quienes lo conocieron continúan sonando.


Luciano “Chano” Vera Cárcamo fue uno de aquellos personajes sencillos y entrañables que ayudaron a construir la historia cotidiana de Punta Arenas.


Y especialmente...

la historia de nuestro querido Barrio Prat.


Soy Juan Magal, y hemos compartido con ustedes una nueva edición de “Crónicas del Barrio”, en La Voz del Barrio.

Artículo escrito por el escritor e investigador Mario Isidro Moreno, amigo y colaborador de nuestra emisora.

Gracias por acompañarnos en este viaje por nuestra memoria.


Porque mientras exista alguien dispuesto a contar estas historias...

nuestros antiguos vecinos seguirán viviendo entre nosotros.



 
 
 

2 comentarios

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juan.magal
22 sept

Que interesante, poder aproximarse a lo que antes era la música en los barrios. Yo, soy de la época en que en una fiesta se colocaba un cassette en el equipo y tenías música. Pero esta historia, nos habla de otra realidad. La época, en que los grupos musicales, las orquestas, recorrían los barrios e incluso, sus desplazamientos atravesaban nuestras fronteras. Que hermoso, tener, mediante el testimonio de primera fuente cómo era esa realidad y más aún, cuando los descendientes, aceptan entregar los testimonios de ello, los recuerdos, las imágenes; todo cuanto pueda reconstruir de la mejor manera un tiempo que fue, pero que no deja de estar presente.

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juan.magal
26 sept
Contestando a

Que importante, es el aporte de nuestro amigo Mario Isidro Moreno. Siempre tan dispuesto a compartir sus valiosas investigaciones y testimonios.

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El pasado 16 de abril de 2026, en presencia de la Ministra de Fe de la Ilustre Municipalidad de Punta Arenas, señora Teresa Barrientos, se formalizó la constitución de la agrupación con el objetivo de obtener personalidad jurídica, conforme a la Ley N° 19.418 sobre Organizaciones Comunitarias.

 

La Agrupación de vecinos y amigos del Barrio Prat surge a partir de la necesidad de visibilizar y fortalecer las actividades comunitarias del sector. Su propósito es impulsar iniciativas que contribuyan a mejorar la calidad de vida, promoviendo el bien común, el encuentro entre las personas, la ayuda mutua y la posibilidad de envejecer en un entorno de respeto, solidaridad y paz.

 

Asimismo, la agrupación busca cooperar y trabajar de manera articulada con la Junta de Vecinos, integrando a todas aquellas personas que se sienten parte del Barrio Prat: vecinos y vecinas, así como también hijos, nietos y quienes, a lo largo del tiempo, han desarrollado su vida laboral o social en el sector. De este modo, se pretende incluir a quienes, pese a mantener un fuerte vínculo con el barrio, no pueden participar formalmente en la Junta de Vecinos por no residir actualmente en él.

 

Esta iniciativa se vincula con el trabajo comunitario desarrollado a través de la plataforma www.lavozdelbarrio.org, un medio orientado a rescatar la historia, la identidad y la vida cotidiana del barrio, promoviendo el envejecimiento activo, la participación activa de sus habitantes.

 

En este contexto, se busca colaborar e involucrarse con todas las organizaciones e instituciones presentes en el territorio, así como con profesionales y emprendedores que forman parte de él, impulsando el desarrollo de proyectos sociales, deportivos, culturales y de fortalecimiento comunitario.

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