Historias Barrio Prat, con Marino Muñoz Agüero - Parte 3
Actualizado: 10 oct
Marino Muñoz Agüero- Parte 3
Estás en la sintonía de La Voz del Barrio, la radio que rescata nuestras historias, nuestros recuerdos y la memoria de quienes han dado vida al querido Barrio Prat.
Hola soy Juan Magal, y a continuación, presentamos un nuevo artículo de “Crónicas del Barrio”.
Hola, soy Juan Magal, y hoy quiero invitarlos a viajar por los recuerdos de nuestro barrio, a través de un artículo escrito por Marino Muñoz Agüero, cronista, hijo del recordado escritor Marino Muñoz Lagos y de la profesora Eulalia Agüero.
El artículo fue escrito el 6 de junio de 2021 y lleva por título:
“Algunos recuerdos del Barrio Prat – Tercera parte”.
Comenzamos...
En cuanto a los servicios del sector, cómo no recordar al antiguo Hospital Regional.
El hospital se levantó en 1953 en calle Angamos, mientras que la torre que da hacia calle Condell fue construida en 1980.
La presencia de este importante recinto asistencial tuvo un fuerte impacto en el desarrollo y también en la fisonomía del Barrio Prat.
Vienen a la memoria aquellas tardes de domingo, cuando era día de visitas.
En el acceso de calle Angamos se instalaban vendedores ofreciendo las más diversas cosas... muchas de ellas, por cierto, prohibidas para los enfermos.
Había turrones, berlines, confites, galletas y tantas otras tentaciones.
Entre aquellos vendedores estaba el querido y entrañable “Chamaco” La Paz Valderrama, quien llegaba con sus tradicionales turrones y sus recordados “cachitos”.
Los domingos se generaba todo un ambiente de fiesta.
Incluso llegaba el organillero, Rivas, con sus remolinos, pelotas de aserrín, diversos juguetes y, por supuesto, el infaltable lorito que sacaba papelitos de la suerte.
Quizás fue precisamente la presencia del hospital la que motivó la apertura de la Farmacia Prat, ubicada en la esquina de Angamos con Señoret.
Fue la primera farmacia de barrio de la ciudad y pertenecía a Antunović y Mallo, propietarios también de la conocida Farmacia Salud, ubicada en el centro de Punta Arenas.
También existía una pompa fúnebre en la primera cuadra de calle Condell, desde Zenteno hacia arriba.
Pero el Barrio Prat tenía mucho más...
También existió una heladería: la fábrica de helados “El Pingüino”, de Eulogio Tapia.
Sus productos se vendían en el kiosco ubicado en la esquina nororiente de Angamos con Zenteno, un kiosco que permanece hasta nuestros días.
En materia de librerías, estaba el moderno y elegante establecimiento de la Imprenta y Librería Rasmussen, junto al almacén de Strello, por calle General del Canto.
Y muy cerca, pero por Zenteno, estaba el negocio de Foschino.
Allí se podían comprar diarios, revistas, golosinas, figuritas para los álbumes, helados y diferentes artículos de librería.
Y algo que muchos seguramente recordarán: también se podían cambiar revistas.
En el sector funcionaban además otras imprentas, como Impresos Copihue.
Otra institución fundamental para la vida del barrio, aunque estrictamente se encontraba fuera de sus límites formales, era la Cervecería, ubicada en calle Patagona.
La Cervecería no solamente fue una importante fuente de trabajo.
También marcó durante años la vida cotidiana de los “pratinos”.
Y Marino Muñoz Agüero lo recuerda con una hermosa frase:
“El paso del tiempo en el Barrio Prat no se mide en los relojes... lo mide el pito de la cervecería”.
Una frase que seguramente traerá muchos recuerdos a los antiguos vecinos.
En cuanto a la vida social y comunitaria, fundamental fue también la llegada de la Parroquia Cristo Obrero, así como la presencia de distintos templos evangélicos.
Y cómo olvidar a la Séptima Compañía de Bomberos, en su tradicional edificio de Angamos con Avenida España, frente a la Plaza Centenario.
Ese lugar había sido antiguamente el Teatro Prat.
Los amplios salones de “La Séptima”, donde durante años se realizaron bailes, bingos y hasta la coronación de la reina del barrio, pertenecieron precisamente a aquel antiguo teatro.
Fue nada menos que el primer cine de barrio que tuvo Punta Arenas.
En la vida comunitaria también destacaron el Club de Suboficiales de Carabineros, la Sociedad Femenina de Socorros Mutuos y la Sociedad de Socorros Mutuos Arturo Prat.
Y al alero de esta última nació otro de los grandes emblemas de nuestro sector: el querido Club Deportivo Prat.
El deporte también tenía sus propios espacios.
Para jugar fútbol estaban las canchas de la Parroquia Cristo Obrero, que posteriormente contó también con gimnasio.
Existieron además canchas a la altura de calle Covadonga y otras en el sector comprendido por Zenteno, Rómulo Correa, los edificios de la Empart y calle Capitán Guillermos.
¿Y para quienes disfrutaban del patinaje?
Había que trasladarse hasta la laguna del Regimiento Pudeto.
Y antes de despedirnos, volvamos por un momento a nuestro querido “Chamaco”.
El recordado turronero frecuentaba en algunas ocasiones el Bar Río Seco, de la señora Susana Levinieri, ubicado en calle Chiloé, al lado sur de la sede de la Masonería.
Durante muchos años, aquel local fue una verdadera “guarida de escritores”.
Allí se reunían, entre otros, Silvestre Fugellie, Osvaldo Wegmann, Eugenio Mimica y Marino Muñoz Lagos.
Y al momento de despedirse, “Chamaco” tenía un gesto que sus amigos seguramente nunca olvidaron.
Le entregaba a cada uno un paquete de turrón y les decía:
“De regalo para La Patrona”.
Pequeñas historias, personajes y lugares que quizás ya no existen como antes, pero que siguen viviendo en la memoria de quienes crecieron y compartieron su vida en nuestro querido Barrio Prat.
Hasta aquí llegamos por hoy.
Este fue “Algunos recuerdos del Barrio Prat – Tercera parte”, artículo escrito por Marino Muñoz Agüero, para nuestro espacio “Crónicas del Barrio”.
Soy Juan Magal, y los invito a seguir acompañándonos porque esta historia...
continuará en un próximo capítulo.
Sigan junto a nosotros, aquí, en La Voz del Barrio.
La radio del Barrio Prat, donde nuestros recuerdos vuelven a tener voz.



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