Cuando el Presidente Ibañez almorzó en el Barrio Prat
- 17 jun
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FOTO CON HISTORIA
Los recuerdos imborrables de doña Sofía Rasmussen Fernández sobre el Barrio Prat y la Parroquia Cristo Obrero
Amigas y amigos de La Voz del Barrio, los invitamos a recorrer un nuevo capítulo de nuestra sección “Foto con Historia”, un espacio donde rescatamos la memoria viva de nuestro querido Barrio Prat a través de los testimonios de quienes han sido protagonistas de su desarrollo y crecimiento.
En esta oportunidad compartimos el emotivo relato de doña Sofía Rasmussen Fernández, vecina de larga trayectoria, quien nos abre las puertas de sus recuerdos para transportarnos a los años en que el barrio comenzaba a tomar forma y la comunidad construía, con esfuerzo y solidaridad, los cimientos de una identidad que permanece hasta nuestros días.
Doña Sofía recuerda haber llegado al Barrio Prat cuando apenas tenía cinco años de edad, junto a su familia, para vivir en la casa adquirida por su abuelo materno en calle Zenteno. En aquellos años, relata, el sector terminaba prácticamente en Rómulo Correa, donde comenzaban extensos potreros de trigo. Era común que los vecinos recorrieran esos caminos para buscar leche fresca en la lechería de la familia Volkart.
También evoca la antigua cancha de fútbol ubicada en la intersección de Rómulo Correa con Zenteno, lugar donde los niños del sector pasaban largas jornadas jugando y compartiendo. Entre ellos estaba su hermano Roberto, como tantos otros jóvenes que hicieron vida en aquellas calles.
Uno de los recuerdos más significativos de doña Sofía está ligado a la construcción de la Parroquia Cristo Obrero, obra impulsada por el recordado padre José Savarino. La iglesia aún no existía cuando llegó al barrio, pero poco a poco fue levantándose gracias al trabajo comunitario de vecinos y feligreses.
Fue precisamente allí donde, el 1 de noviembre de 1945, participó en una ceremonia que marcaría su vida: su Primera Comunión.
La parroquia, señala, se transformó rápidamente en el corazón del barrio. Más que un templo, era un punto de encuentro donde todos colaboraban y compartían como una gran familia. Recuerda con cariño a numerosas familias que participaron activamente en la vida parroquial y comunitaria: Águila, Bórquez, Ivelic, Sierpe, Goic, Saldivia, Leiva, Ojeda, Martinic, Bahamondez, Glasinovic, Pitet, Rasmussen, Barrientos, entre muchas otras.
La solidaridad era una característica esencial de aquellos tiempos. Cada sábado, su madre participaba junto a otras mujeres en la entrega de alimentos y ropa a familias necesitadas. Asimismo, doña Sofía recuerda cómo, siendo niña, ayudaba a limpiar, virutillar y encerar los pisos de la parroquia junto a otras colaboradoras.
Las tradicionales kermeses de Fiestas Patrias eran otro de los grandes acontecimientos del sector. Vecinos de todas las edades contribuían con su trabajo para reunir fondos destinados a la mantención y crecimiento de la parroquia. Eran jornadas de esfuerzo compartido, pero también de alegría y convivencia.
Su memoria conserva además un detallado retrato de la vida cotidiana de calle Zenteno. Allí se encontraba el almacén de la familia Strello-Retamales; más adelante, el negocio de la familia Carranza-Formantel, famoso por sus helados caseros y cachitos dulces. Luego estaba la casa de los Rasmussen-Fernández y, cerca de la parroquia, la vivienda de los Vidal y posteriormente de José Mihovilovic, reconocido organista de Cristo Obrero.
Doña Sofía también tuvo una participación especial en la vida parroquial. Gracias a sus conocimientos de piano, era llamada para acompañar ceremonias religiosas en el órgano cuando don José Mihovilovic no podía asistir.
Entre sus recuerdos aparecen comerciantes, benefactores y vecinos que contribuyeron silenciosamente al desarrollo del barrio. Menciona al señor Rada, de Cavirata, quien colaboraba anónimamente con la parroquia bajo el lema: “Ayudar es cosa grata, mis deseos llegar a tiempo”. También recuerda a la señora Felicidad de Davet, al arquitecto Boric y a Nicolás Marcos Mladinic, entre muchas otras personas que dejaron huella.
Con el paso de los años, la Parroquia Cristo Obrero fue atendida por sacerdotes lazaristas y posteriormente volvió a manos de los salesianos, manteniendo siempre su rol fundamental dentro de la comunidad.
La historia familiar de los Rasmussen continuó profundamente ligada al Barrio Prat. En 1955 sus padres construyeron una nueva vivienda en General del Canto, donde además funcionó la primera librería del sector, recordada por generaciones de estudiantes que acudían a comprar sus útiles escolares.
Otro de sus recuerdos está relacionado con la construcción del Hospital Regional. La empresa encargada de la obra instaló sus campamentos y oficinas en terrenos donde antiguamente se asentaban los gitanos y que posteriormente serían ocupados por dependencias universitarias. Muchas de aquellas familias se integraron a la vida comunitaria del barrio y participaron activamente en la parroquia.
La figura de su padre también ocupa un lugar destacado en sus memorias. Como regidor, alcalde e incluso intendente de Magallanes, le correspondió enfrentar los constantes desbordes del Río de las Minas antes de su canalización. Doña Sofía recuerda verlo salir con botas y palas para ayudar personalmente a las familias afectadas por las inundaciones.
Asimismo, conserva una anécdota inolvidable: la visita del Presidente Carlos Ibáñez del Campo a Punta Arenas. Durante una de sus estadías, el mandatario quiso almorzar en la casa familiar, provocando una gran expectación entre los vecinos, quienes se congregaron en la calle para saludar al Presidente.
Hoy, con la sabiduría que otorgan los años, doña Sofía Rasmussen Fernández observa cómo el Barrio Prat ha crecido y cambiado. Sin embargo, destaca que aún conserva el espíritu comunitario que lo hizo grande y que nuevas generaciones continúan fortaleciendo su identidad.
Como ella misma señala:
“Los recuerdos de mi niñez y juventud pasados en el barrio son imborrables en mi memoria octogenaria. El barrio ha crecido, pero todavía quedan vecinos y generaciones nuevas que hacen del Barrio Prat uno de los más respetados y reconocidos de Punta Arenas. Yo lo amo y mantengo la casa de mis padres.”
Un valioso testimonio que nos recuerda que la historia de un barrio no se construye solamente con calles y edificios, sino también con las vivencias, los afectos y la memoria de quienes le dieron vida.
Desde La Voz del Barrio agradecemos profundamente a doña Sofía Rasmussen Fernández por compartir sus recuerdos y permitirnos seguir rescatando la historia de nuestra comunidad para las futuras generaciones.
También puedes verlo en un Televisor SmartTV a través de nuestra cuenta YOUTUBE - > https://youtu.be/ppuDyFRnAhw



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